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La hiperinflación en el Perú: qué pasó entre 1988 y 1990 y qué nos dejó

Por Clinton Lago, gerente de CambiosRapido

La hiperinflación en el Perú: qué pasó entre 1988 y 1990 y qué nos dejó

Entre 1988 y 1990 el Perú vivió uno de los procesos de hiperinflación más severos de la historia económica moderna, con tasas anuales que llegaron a superar el 7.000%. No fue un episodio abstracto de libros de economía: significó colas para comprar alimentos, salarios que se licuaban en días y un cambio de moneda que no bastó para frenar la caída. Esa experiencia dejó una marca que todavía se nota hoy en la costumbre peruana de dolarizar los ahorros y en la obsesión del Banco Central por mantener la inflación bajo control.

¿Qué es la hiperinflación?

La hiperinflación no es simplemente "mucha inflación": es un fenómeno monetario extremo en el que el dinero pierde valor tan rápido que la gente deja de usarlo como referencia para ahorrar o incluso para fijar precios. El criterio académico más citado, el de Phillip Cagan, la define como un periodo en el que la inflación mensual supera el 50% y se mantiene así de forma sostenida. Con ese criterio, un trabajo del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) concluye que el país vivió dos episodios hiperinflacionarios puntuales: Perú experimentó dos episodios de hiperinflación: en Septiembre de 1988 y entre Julio–Agosto de 1990.

Pero si se mira en términos anuales, el cuadro es aún más extremo. Un documento de investigación del propio BCRP señala que el proceso que arrancó en 1988 significó la inflación llegó a una tasa de tres dígitos en 1983 y culminó a fines de la década de los ochenta en una hiperinflación (cuatro dígitos de inflación por tres años consecutivos). Es decir, no fue un mes malo: fueron tres años seguidos con los precios multiplicándose por diez o más cada doce meses.

Cronología 1985-1990: del sol al inti y la espiral descontrolada

El origen del colapso se remonta al primer gobierno de Alan García (1985-1990). En agosto de 1985, ante una devaluación acelerada de la moneda, se decidió reemplazar el viejo sol por una nueva unidad monetaria: se realizó el cambio de moneda de "Sol a Inti", porque la devaluación de la moneda era alta. El inti nació para "limpiar" ceros, pero la calma duró poco.

El punto de quiebre llegó en setiembre de 1988, con el llamado "Plan Cero" o "Salinazo": un paquete de ajustes de precios y tipo de cambio que, en vez de estabilizar la economía, disparó los precios. Ese mes la inflación mensual llegó a una inflación mensual de 114% acompañado de una recesión económica sin precedentes (-8.2%). Desde ahí, el país entró de lleno en terreno hiperinflacionario.

Las cifras anuales, registradas por el INEI y recogidas en estudios académicos, muestran la magnitud del derrumbe: 1988: -8,3% de PBI y 1.722,3% de inflación; 1989: -11,6% de PBI y 2.775,3% de inflación; 1990: -4,9% de PBI y 7.649,6% de inflación. En paralelo, la producción del país se desplomó: un documento del BCRP calcula una caída acumulada del PBI del 27% entre 1988 y 1990.

Para julio de 1990, cuando terminaba el gobierno de García, la situación era insostenible: en julio de 1990, la inflación anualizada era 4.778%, los precios mostraban una gran volatilidad. El tipo de cambio reflejaba el mismo pánico: según cálculos del BCRP, el dólar desde 65.000 intis por dólar a 345.000 intis por dólar en dos días, y hacia diciembre de 1990 el tipo de cambio flotante alcanzó los 500.000 intis.

Para entender cómo se mide y por qué se acelera un proceso así, conviene repasar primero los mecanismos básicos de la inflación.

Cómo se vivía: colas, desabastecimiento y dolarización de facto

Para quien no vivió esos años, es difícil imaginar lo que significaba hacer las compras de la semana. Los precios cambiaban de un día para otro de forma brutal: los productos de consumo básico costaban más de 50% más caro el martes respecto al lunes. Comprar implicaba hacer fila desde la madrugada, porque los comercios racionaban productos básicos ante el temor de quedarse sin stock o de vender por debajo de su costo de reposición.

Palabras como "colas" y "escasez" quedaron asociadas para siempre a esa época: Hiperinflación; intis; leche enlatada; colas; escasez. Son palabras que despiertan recuerdos de una generación golpeada por la crisis económica y social. Los salarios, pagados en intis, perdían poder de compra entre el día del depósito y el día en que la familia llegaba a gastarlos.

En ese contexto, el dólar dejó de ser solo una moneda extranjera para convertirse en refugio de valor. Como explica un análisis sobre el periodo, la dolarización de precios aceleró la dolarización de la riqueza al deteriorar la liquidez del dinero nacional. Quien podía, cambiaba sus intis a dólares apenas los recibía, porque guardar moneda nacional equivalía a perder valor por minuto.

Cómo se frenó: el Fujishock y el nacimiento del nuevo sol

El freno llegó recién en agosto de 1990, con el cambio de gobierno y un drástico programa de estabilización conocido popularmente como el "Fujishock". Un estudio de la CEPAL lo resume así: después de experimentar una de las hiperinflaciones más severas del mundo moderno durante 1988-1990, desde agosto de 1990 el Perú se embarcó en un drástico programa de estabilización y en un agresivo proceso de reformas estructurales.

El ajuste fue duro pero rápido en sus efectos sobre los precios. La propia Memoria 1990 del BCRP documenta que, tras el shock, la tasa de inflación se redujo fuertemente hasta una tasa promedio mensual de 13 por ciento, una cifra todavía altísima para estándares normales, pero una fracción de lo que se vivía semanas antes.

El inti, desgastado por la hiperinflación, no sobrevivió al proceso: en 1991 fue reemplazado por el nuevo sol, la moneda que —con una reforma posterior que eliminó el "nuevo"— seguimos usando hoy. La equivalencia muestra la magnitud de la destrucción monetaria previa: el inti, moneda que circulaba efímeramente entre 1985 y 1991, fue reemplazada por el nuevo sol que equivalía a un millón de intis. La desinflación continuó de forma gradual en los años siguientes: un documento de trabajo del BCRP detalla que el compromiso con el control de la emisión primaria permitió bajar la tasa de inflación de 7.650% en 1990 a 139% en los años posteriores.

Qué nos dejó: la dolarización de los ahorros y la meta de inflación del BCRP

La hiperinflación dejó dos herencias muy concretas que siguen vigentes en la economía peruana. La primera es cultural y financiera: la costumbre de ahorrar en dólares como mecanismo de protección, nacida en los años de la espiral inflacionaria y que tomó décadas en revertirse parcialmente. Un reporte reciente señala que esa dolarización, que llegó a ser casi total en el sistema financiero, se redujo significativamente desde más del 80 por ciento a inicios del año 2000 a 23 por ciento en 2023, gracias a años de estabilidad de precios.

La segunda herencia es institucional. Para evitar que algo así se repita, el BCRP adoptó en 2002 un esquema formal de control de precios: desde 2002 el BCRP ha llevado a cabo una política monetaria basada en metas explícitas de inflación. Ese esquema fijó, desde 2007, un rango objetivo que se mantiene hasta hoy: la meta de inflación (un rango entre 1 y 3 por ciento) busca anclar las expectativas de inflación en un nivel similar al de las economías desarrolladas.

El resultado de esa disciplina, construida justamente sobre el trauma de 1988-1990, es que Perú pasó de la hiperinflación a ser uno de los países con la inflación más controlada de la región. Así lo reconoció el propio BCRP al cumplirse 20 años del esquema: desde febrero de 1997, la inflación anualizada llegó a la tasa de un dígito, 9.4 por ciento, dejando atrás tiempos de hiperinflación. Esa memoria histórica es, en buena parte, la razón por la que millones de peruanos todavía prefieren tener parte de sus ahorros en moneda extranjera, aun cuando las condiciones macroeconómicas de hoy son radicalmente distintas a las de esa década perdida.

Preguntas frecuentes

¿Cuál fue el nivel máximo de inflación que alcanzó Perú durante la hiperinflación?

El punto más alto se registró en 1990, cuando la inflación anual llegó a 7.649,6% según cifras del INEI recogidas en estudios académicos, el nivel más severo de todo el episodio 1988-1990.

¿Por qué se cambió el sol por el inti y luego el inti por el nuevo sol?

El inti se creó en 1985 para simplificar una moneda ya devaluada, pero la hiperinflación posterior lo destruyó por completo. En 1991 se introdujo el nuevo sol, que equivalía a un millón de intis, como parte del programa de estabilización.

¿Qué causó la hiperinflación peruana de fines de los ochenta?

Una combinación de déficit fiscal elevado, financiamiento del gasto público con emisión monetaria del Banco Central, controles de precios y tipo de cambio insostenibles, y paquetes de ajuste mal calibrados que terminaron acelerando en vez de frenar el alza de precios.

¿Cómo se terminó con la hiperinflación en Perú?

Con el programa de estabilización iniciado en agosto de 1990, que incluyó el fin del financiamiento del déficit fiscal con emisión monetaria, la unificación del tipo de cambio y una reforma que dio autonomía constitucional al Banco Central de Reserva.

¿Por qué los peruanos todavía prefieren ahorrar en dólares?

Es una costumbre heredada directamente de la hiperinflación: quienes vivieron esos años aprendieron que la moneda nacional podía perder su valor en cuestión de días, mientras el dólar funcionaba como reserva de valor más estable.

¿Puede Perú volver a vivir una hiperinflación como la de 1988-1990?

Las condiciones son muy distintas hoy: el BCRP tiene autonomía constitucional, no financia al fisco con emisión monetaria y opera bajo un esquema de metas explícitas de inflación vigente desde 2002, lo que hace estructuralmente mucho más difícil repetir ese escenario.

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